Feingeschliffen

All in all a very dying race

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Monday, November 09, 2009

Battersea Power Station


La verdad es que emociona verla de cerca y comprobar que existe. Emociona, incluso sin cerdo que la sobrevuele.

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Monday, June 22, 2009

Singapur, de nuevo


En alguna ocasión he escrito ya sobre Singapur, lugar curioso al que, al menos de momento, viajo una vez al año por motivos de trabajo. El hecho de que me encuentre allí por razones laborales, unido a mi más que conocida indisciplina para tomar notas (a ver si algún día me corrijo), hace que los siguientes apuntes sean extraídos únicamente de mi memoria.

Así, de paso, actualizo un poco el blog, que falta hace...

En Singapur todo está prohibido, desde introducir chicles en el país, hasta fumar en la calle a menos de cierta distancia de las puertas de los establecimientos; en este último caso la multa es de 1000 dólares (500 euros). Si un peatón cruza en rojo se arriesga también a recibir una importante multa, igual que si lleva el coche sucio o abollado (700 dólares, creo). Hurtar algún artículo en unos almacenes supone para el ladrón siete años de cárcel, y el tráfico de drogas se castiga con la muerte. Todo esto convierte a Singapur en un lugar absolutamente seguro, ya que la delincuencia es prácticamente inexistente. Personalmente opino que se pasan un poco, no sé.

Los becarios y becarias del ICEX reciben una remuneración desmesurada por no hacer absolutamente nada; bueno, se corren unas juergas que no veas, y es tal su sensación de impunidad que, lejos de disimular, se dedican a alardear de ello. No olviden que se les paga con el dinero de todos nosotros.

Hablando de juergas, las discotecas en Singapur son muy divertidas, y se lo dice alguien que ha odiado las discotecas toda su vida (así me va). Los jóvenes improvisan coreografías que representan las letras de las canciones, en una especie de lenguaje de sordomudos frenético que resulta muy simpático para el espectador. Lo malo, una vez más, es que no se permite fumar. Los cubatas, en cambio, sin ser una maravilla, son claramente más dignos que en otros países.

En el acogedor Long Bar del clásico y elegante Raffles Hotel, puede degustarse el legendario Singapore Sling, algo empalagoso para mi gusto, mientras comes ingentes cantidades de cacahuetes y lanzas las cáscaras al suelo; la verdad es que esta costumbre produce cierto morbo, pues no olvidemos que nos hallamos en el país más limpio del mundo.

En Little India puede visitarse un centro comercial llamado Mustafa, algo digno de verse, una especie de Corte Inglés bastante pringoso, abierto 24 horas, en el que puede encontrarse absolutamente de todo y en ingentes cantidades, desde los últimos modelos de teléfonos móviles a sacos de arroz de todos los tipos, pasando por cajas de desodorantes y ordenadores portátiles. Resulta curioso que, viendo el aspecto y la limpieza (o mejor dicho su ausencia) de este barrio, uno no diría que se encuentra en Singapur.

En el barrio chino, no muy lejos de una explanada en la que personas de esa nacionalidad, incluídas ancianas con minifalda, se dedican a bailar country, y entre centenares de puestos de comida oriental y souvenirs de colorines, Erich ofrece unas salchichas austríacas para chuparse los dedos.

Las mujeres orientales son muy sonrientes y se muestran más simpáticas que las europeas --a excepción, claro está, de las encantadoras lectoras de este blog--. Los graciosos pantaloncitos cortos que acostumbran a lucir contribuyen también a que uno las mire con buenos ojos.

En un bar llamado The Dispensary (el dispensario), en la bulliciosa y lúdica zona del Clarke Quay, las sillas son sillas de ruedas. No me dio buena impresión y por lo que parece no soy el único, pues se trata claramente del local menos concurrido de por allí.

Si regreso el año que viene y les apetece les cuento más.

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Sunday, July 06, 2008

La rentrée

He pasado una semana aquí:



Para no resultar redundante, diré solamente que esta ciudad me deja siempre boquiabierto y, en cuanto me marcho, ya estoy pensando en regresar.

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Friday, June 27, 2008

The fine city

Por razones laborales he pasado una semana en Singapur, curiosa ciudad-estado de la Península de Malasia. Su sistema de gobierno es en teoría la democracia parlamentaria, si bien en la práctica su gobierno está muy cercano al autoritarismo. De hecho, en un ingenioso juego de palabras en inglés se dice que "Singapore is a fine city", lo cual podría traducirse tanto por "Singapur es una excelente ciudad" como por "Singapur es una ciudad de multas", ya que el término fine es polisémico. Y es verdad, aparentemente casi todo está prohibido en Singapur. No es casualidad que la ciudad esté impresionantemente limpia. Proliferan los ceniceros en aquellas calles en las que se permite fumar (sí, han leído bien, no en todas es posible) y es cierto que es ilegal masticar chicle. Si alguien comete la imprudencia de tirar un papel o una colilla al suelo, lo mejor que le puede pasar es que tenga que reparar el daño prestando servicios a la comunidad. Al pasar la aduana se comunica al viajero que los traficantes de droga son castigados con la pena de muerte, y parece ser que la delincuencia es tan escasa, que el robo de una bicicleta o el hurto de diez dólares singapurenses (unos cinco euros), se convierte inmediatamente en noticia.

Por circunstancias, tuve ocasión de hablar con varias personas (casualmente todas mujeres) españolas residentes en Singapur y, como es natural, rápidamente surgió (o más bien lo saqué yo) el tema de la libertad en el país. Todas ellas estaban encantadas. A todas les parecía perfecto el nepotismo imperante en el gobierno y estaban encantadas con la "mano dura" que se aplica allí. Eran partidarias de condenar a los sujetos "potencialmente delincuentes" antes de que lleguen a cometer alguna ilegalidad, como efectivamente sucede en Singapur, y no sólo no se escandalizaban, sino que consideraban una buena idea, la prohibición de entrada de inmigrantes no cualificados y la prohibición a las numerosas empleadas de hogar filipinas de quedarse embarazadas durante los tres primeros años de estancia en el país bajo pena de expulsión.

Todos los que escuchaban estos comentarios respaldaban enseguida estas opiniones diciendo que aquello sí que era vivir bien, que en España estamos acosados por la delincuencia de los inmigrantes y por el vandalismo que impera en nuestras ciudades. Que no se puede tolerar que se atienda a un extranjero antes que a un español en un hospital; que aquí lo que hace falta es más-orden-hombre-por-favor-dónde-vamos-a-ir-a-parar-con-tanta-desvergüenza. Y a continuación dejaban clara su ideología: "Y que conste que yo soy de izquierdas y no soy racista".
Una residente en Singapur se preguntaba: "Si tengo acceso a una vivienda digna, gano mucho dinero y no tengo inseguridad (claro que con vigilancia privada en su edificio no tiene mucho mérito), ¿qué más quiero?"

Evidentemente no respondí.

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Monday, March 10, 2008

Seguimos

I don't belong here
There's nothing here my eyes can recognize
I'm all wrong here, let me go, I'm not for changing


Desubicado por completo, como siempre. Haciendo ver; siguiendo la corriente o, más bien, fingiendo seguir la corriente. Desinteresado por los intereses ajenos casi tanto como los demás por los míos. Fuera de sitio; aguantando el tipo. ¿Eh? No entiendo nada. No es para tanto. Hago ver que escribo un post. Desubicado por completo, como siempre.

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Sunday, March 02, 2008

Me voy de viaje

A Dubai. Dentro de unas horas. Por trabajo. Me da un poco de pereza, por no decir mucha. Si acaso ya les contaré.

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Tuesday, July 31, 2007

Impresiones después de un viaje. Apuntes sobre París


He vuelto a París. Esta vez he tenido la inmensa suerte de que, durante una semana, me han cedido amablemente el uso de un precioso apartamento en una calle de Le Marais (IV arrondissement), en mi opinión el mejor barrio de París, a dos minutos del Hôtel de Ville, a diez del Centre Pompidour y a diez de la basílica de Nôtre Dame. Ahí es nada. Una gran suerte, digo, porque he podido disfrutar de la ciudad de las ciudades sintiéndome algo menos turista. Quien me conoce ya sabrá de mi debilidad por París, que, hasta el momento no me ha decepcionado nunca; por ello son muchos los posts que podría escribir sobre este viaje. Sin embargo, la pereza, unida a la voluntad de no aburrir demasiado a los posibles lectores de este blog, ha hecho que me decida por contar algunas cosas de manera más o menos telegráfica, sin seguir orden alguno y dejando claro una vez más que cuando se expresen opiniones éstas serán personales y subjetivas:

1. Las mujeres más bellas están en París (sólo superadas, por supuesto, por las que visitan este blog). Nunca he visto nada igual.

2. Contrariamente a lo que se cree, prácticamente todo es igual o más barato que en Barcelona, excepto las consumiciones en cafés y restaurantes. Claro que, mirando la calidad de los locales, parece que hablemos de universos diferentes; no es que sean mejores, es que no hay comparación posible.

3. La ley antitabaco no ha llegado a Francia. Llegará.

4. El Museo Rodin vale una visita. Alberga todas las obras maestras del escultor y muchas de ellas se exponen en los impresionantes jardines. Extremadamente recomendable.

5. No puedo escribir como Joseph Roth, pero sí puedo tomarme una cerveza en la misma mesa donde él se sentaba hace setenta años.

6. Si viviera en París leería más. Me compraría muchos libros en Shakespeare & Co, en La Hune y en L'écume des pages y me los leería en los jardines de Luxembourg o en alguno de los muchos cafés que tanto invitan a ello.

7. Tengo mucha suerte, porque los parisinos con los que he hablado han sido muy amables. Suerte, digo, porque no creo que la antipatía que se dice que muestran constantemente sea un tópico de ignorantes aldeanos españoles criticones y envidiosos.

8. Algo malo de Francia: el agua mineral. Lo crean o no la mayoría de veces es mucho mejor la del grifo que la embotellada y eso que sus aguas son (absurdamente) famosas en el mundo entero.

9. En Francia los DVD no tienen subtítulos en otras lenguas. Aun así me compro una película que no encuentro por aquí. Habrá que afinar el oído.

10. Las tiendas de la Avenue Montaigne o la rue Royale, hacen que el Paseo de Gracia parezca un mercadillo (perdón por la ¿exageración?).

11. Coincido dos días con el Dr Sallanworld. Empieza a ser tradición encontrarnos en París.

12. Es recomendable tomar el foie con mermelada de cebolla y uvas.

13. Me leo dos libros breves. Uno en un banco frente a Shakespeare & Co y otro en el Café Tournon (véase post anterior).

14. Entre una cosa y otra no pruebo los afamados croissants de Pierre Hermé, considerados los mejores de la ciudad. Los de otras boulangeries son ya tan deliciosos que supongo que la valoración ha de ser difícil una vez alcanzado el umbral del máximo placer gustativo.

15. En la iglesia de Saint Germain-des-Prés, me acerco como siempre a la tumba de Descartes a ver si se me pega algo. Más allá, junto a la efigie de Santa Rita, la gente deja mensajes y peticiones. Alguien ha escrito varias blasfemias y sandeces con rotulador. En español.

16. En Francia han tenido muy claro el tema del encaje de las nacionalidades históricas: no hay. Sólo hay una República.

17. Cojo el metro unas cuantas veces. Veo a un hombre leyendo un libro que no conozco. No me suena de nada. Corro el riesgo y, a ciegas, me lo compro. También me compro otros.

18. Podría escribir muchos posts sobre París, explicar prolijamente lo que hice, lo que visité, pero ya me estoy aburriendo hasta a mí mismo.

19. Hay que ir a París. Nunca decepciona. A mí nunca me decepciona.

20. ¿He dicho ya lo de la belleza de las francesas?

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Saturday, July 28, 2007

El espíritu de Roth


Tal como dije en el blog de mi amigo Maumaunoexiste, con quien, entre muchísimas más cosas, comparto una absoluta devoción por el formidable escritor Joseph Roth, esta semana me tomé una cerveza en el Café Tournon, sito en la calle del mismo nombre en París. Es más, tuve el gran privilegio de ocupar exactamente la misma mesa en la que el maestro escribió este delicioso fragmento de "La leyenda del santo bebedor"(una placa así lo recuerda, en francés, aunque Roth, a pesar de ser un consumado políglota, escribía en alemán):

Une heure c'est un lac,
une journée une mer,
la nuit une éternité,
le réveil l'horreur de l'enfer,
le lever un combat pour la clarté.


Más o menos...

Una hora es un lago,
un día un mar,
la noche una eternidad,
el despertar el horror del infierno,
levantarse un combate por la claridad.

Soy mitómano. No llevaba conmigo ningún libro del maestro que poder leer en aquella mesa, pero sí la preciosa nouvelle "El amor de Erika Ewald" de su amigo y compatriota Stefan Zweig. La leí de un tirón, imbuido del espíritu de aquellos hombres de letras, genios irrepetibles a los que nunca podremos agradecerles que hicieran nuestras vidas un poco mejores.

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Monday, July 02, 2007

Encore une fois




Je vais peut-être faire une petite escapade à Paris. Une semaine.

Attrayant, n'est-ce pas?

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Sunday, June 24, 2007

Impresiones después de un viaje. Apuntes sobre Singapur.


Singapur es una ciudad/Estado sorprendente. Muy bonita; todo lo bonita y más que se puede esperar de una ciudad moderna. Los imponentes edificios, muchos de ellos rascacielos, se levantan entre jardines y las amplias carreteras de cinco carriles están rodeadas de bosque. Singapur es famosa por la dureza de sus multas en caso de ensuciar las calles; yo no vi apenas policía, pero sí que es cierto que llama la atención lo limpio que está todo. Cada pocos metros se encuentra uno con ceniceros en los que depositar las colillas y no hay desperdicios por el suelo.

Otra de las cosas impactantes de Singapur --perdonen, pero la cabra tira al monte-- es la impresionante belleza asiática de sus mujeres. La gente es tranquila y educadísima y muestra una amabilidad a la que no estamos acostumbrados por aquí y el hecho de que el inglés sea lengua oficial contribuye, a pesar del marcado acento, a que no exista la sensación de aislamiento que impera en otros destinos lejanos. No se tiene que vivir mal allí, se lo aseguro.

Los amantes de las compras pueden disfrutar de infinidad de modernos centros comerciales que abren incluso los domingos y mercadillos donde encontrar gangas. Hay multitud de restaurantes de todo tipo (¡cené una noche en un restaurante mongol!), agradables pubs con música en directo, discotecas donde el incauto podrá hacerse la ilusión de que ha ligado, edificios enteros dedicados a la venta de poductos electrónicos o unos grandes almacenes llamados Mustafá que vendrían a ser un Corte Inglés algo pringoso en la zona musulmana (mucho más sucia y descuidada, por cierto) y que están abiertos 24 horas. Otra interesante y curiosa atracción es un "safari nocturno" en el zoo de Singapur; al parecer es el único zoo del mundo que ofrece la posibilidad de visitarlo durante la noche. Muy recomendable.

Las peripecias personales no tienen interés, tan sólo decir que, cuando alguien es tan increíblemente pesado que eclipsa a otros muy pesados y que su pesadez es tal que hace inimaginable que pueda existir alguien más pesado en el universo, aún entonces, puede ser más pesado todavía, porque todavía no se conocen sus límites.

En cuanto al viaje, dieciséis horas de vuelo en un avión de Singapore Airlines, eso sí, con un servicio excelente incluso para la clase turista. Lástima, como siempre, que los encargados de preparar la comida a bordo no asuman su incapacidad para elaborar salsas y no se contenten con ofrecer dignos bocadillos, cosa que más de uno agradeceríamos. Por otro lado, a riesgo de ser calificado como machista, vaya desde aquí mi más sincera enhorabuena a los responsables del proceso de selección de las guapísimas azafatas. En los largos viajes en avión que, varias veces al año, tengo que realizar por motivos profesionales, echo constantemente de menos el profundo sopor que me atenaza cada día después de comer y que me impide mantener los ojos abiertos, ya que durante el viaje me resulta verdaderamente difícil dormir, cosa que, de suceder, minimizaría el aburrimiento del viaje y, sobre todo, el consiguiente e incómodo jet lag. En el trayecto de vuelta, sin embargo, sí que pude dormir algo, pero he de reconocer que hice trampa: me puse a ver la aclamada (como todas) película Volver de Almodóvar. Mano de santo.

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Friday, June 15, 2007

Ya he vuelto


De muy lejos.

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Me voy de viaje


Muy lejos. Ya les contaré.

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Monday, April 23, 2007

Impresiones después de un viaje. Apuntes sobre Estados Unidos.


Un viaje, por el motivo que sea, es siempre una experiencia. Neil Peart escribió: "the point of the journey is not to arrive", es decir: el objetivo del viaje no es llegar. Durante un viaje, los sentidos parecen funcionar de manera diferente a la habitual y todo cobra una intensidad distinta. He vuelto hace dos días de EE.UU, pero no voy a aburrir a ningún posible lector con las peripecias del viaje y de quienes me han acompañado; sin embargo sí quisiera mencionar las siguientes apreciaciones:

Estados Unidos es un país capaz de lo mejor y de lo peor.

Muchas veces las palabras se desvirtúan, sobre todo las descalificaciones, ya que se utilizan de forma muy alegre y, cuando nos encontramos con un caso extremo, resulta que el adjetivo se nos queda pequeño. Es por eso que propongo la creación de nuevos vocablos para definir a personas que sobrepasan algunos adjetivos de manera excepcional, ya que, como digo, los existentes no llegan a plasmar ni de lejos lo que pretenden calificar. Estoy pensando, por ejemplo en: "ignorante", "calzonazos", "prepotente", "niña malcriada" o "pesado".

La ley antitabaco ha llegado a Las Vegas. La ciudad del pecado ya no permite fumar más que en los casinos (faltaría más) y en los bares adyacentes.

Las americanas (las mujeres, no las chaquetas) presentan a menudo una actitud favorable a las relaciones humanas.

No se es un verdadero viajero hasta que te pierden la maleta un par de veces.

Ellos no parecen verlo así, pero pienso que los (inútiles) controles de seguridad en los aeropuertos, son tan humillantes para los controladores (el 99% de raza negra) como para los viajeros.

Los objetos tienen sentimientos y no les gusta ser sustituidos. Tras comprar un reproductor mp3 y una camisa he comprobado con pesar que mi antiguo reproductor y una camisa del mismo color han desaparecido.

Una visita relámpago a Nueva York ha aumentado espectacularmente mis ganas de visitar la ciudad con más tiempo. Tan enorme y tan acogedora.

Aunque la gente lo negará, EE.UU. es un país en el que, no sólo por el favorable cambio del euro frente al dólar, casi todo resulta más barato que en mi ciudad.

Para pedir en inglés "dos dedos de café y el resto leche" es incorrecto decir "two stingers of coffee and the rest late".

Esto, entre otras cosas, he tenido que vivir. Pero ya estoy de vuelta.


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Saturday, March 17, 2007

Impresiones después de un viaje. Apuntes sobre Dubai.


Si no fuera por la testaruda animadversión al cerdo y sus derivados, uno casi puede llegar a olvidarse de que se encuentra en un país musulmán tal y como lo entendemos desde la Europa occidental. Es absolutamente fácil tomarse un gin tonic (mucho más decente que en Francia, Inglaterra, Irlanda o Alemania), pero si quieres desayunar bacon en el hotel --Dubai está repleto de lujosísimos hoteles-- tendrás que comerlo de ternera o de pavo. He visto a jeques (por lo menos lo parecían) sorber whiskies gran reserva mientras aspiraban cigarrillos y charlaban con guapas señoritas que les reían las gracias, seguramente por interés; pero no me los imagino dando buena cuenta de un bocadillo de jamón. En fin, ellos se lo pierden. Lujo asiático de la mano del petrodólar, coches que cuestan lo que un piso por aquí, multitud de prostitutas rusas y chinas realmente jóvenes, un Hard Rock Café, más escotes que velos, centros comerciales al más puro estilo parisino (uno de ellos con una pista de esquí en su interior)...


Infinidad de rascacielos interminables, cuyo diseño vanguardista convertiría inmediatamente a cualquiera de ellos en el edificio más singular de cualquier capital europea. Un país literalmente en construcción a lo bestia. Uno se pregunta qué aspecto tendrá Dubai dentro de unos pocos años y un lugareño responde: "Te prometo que en veinte o treinta años no quedará aquí espacio para construir". Le creo. El edificio mas alto del mundo, la Burj Dubai Tower, crece sin parar (una planta cada cuatro días) hasta que los ingenieros decidan que ya no es posible continuar. Todo a lo grande. El kilómetro cuadrado más caro y prestigioso del planeta también está en Dubai: se dice que sólo multimilmillonarios podrán tener propiedades allí mientras que los pobres multimillonarios a secas tendrán que conformarse con pasar alguna temporadita. El Dubai Burj Al Arab Hotel, el mejor hotel del mundo (siete estrellas) muestra su preciosa silueta, pero no es posible acercarse a la entrada.


Todo gracias al petróleo, un premio de la lotería bien administrado. Los rascacielos se iluminan aunque no estén terminados y dan a Dubai un aspecto que recuerda a Las Vegas, pero aquí todo es piedra y no cartón piedra. Las autopistas han ganado terreno al desierto.

Un país ficticio, pero ¿acaso no lo son todos?

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